La noche es larga. Enid, una rubia despampanante repleta de tatuajes conduce un autentico Mustang rojo del ’59. Se dirige a casa de su mejor amiga Leela, un pedazo de chica, morena, con mucho carácter. Se monta en el coche y se disponen a pasar una de las mejores noches de su vida, cargadas de alcohol y drogas. Enid ha dado por culo a su empleo en el Royal Burguer. Esto les sirve de excusa para salir y arrasar con todo. Llegan a su destino, el “Warzone Club”, típico bar de carretera de los años ‘50 repleto de camioneros borrachos. Leela pone medio dolar en el toca- discos y los deleita con un baile muy sensual.


Mientras tanto la ciudad y parte del país están aterrados por una pareja de asesinos. Unos hijos de puta peligrosos quien se cargan a todos los que pasan por delante de su jodida cara. Ellos son Travis y Juliette, una pareja joven, ella 7 años más joven que él, del cual están muy enamorados el uno al otro. Juliette parece una chica tierna y adorable, pero detrás de esa preciosa cara, se esconde una terrible persona. Travis, es un tipo duro. Siempre ha llevado una mala vida, lleva un largo historial de asesinatos. Pero para él, eso no es suficiente. Hay que superar a Billy el peligroso. Billy consiguió matar a 25 víctimas inocentes en menos de 1 mes. Y porque la justicia lo pillo antes de que pudiera matar a más. Así que Travis y Juliette estaban en ello. Llevan ya 19 víctimas por su camino. Solo les quedan 6 para atrapar a Billy y con mucho orgullo superarlo. Y ellos, saben que pueden.

La puerta del “Warzone Club” se abre estrepitosamente y por ella aparece Randy, un chico del pueblo que por mala suerte, terminó siendo un fracasado. Su madre es alcohólica desde que el iba al colegio. Y su padre los abandonó un mes después del parto. Parece mentira que detrás de esa sucia y mal oliente ropa, haya un tipo verdaderamente bueno. Randy se acerca a la mesa donde estaban sentadas Enid y Leela. Me parece que me debes un baile, dice Randy a Enid. Enid le prometió un baile a cambio de drogas hacía ya unos días. Pero Enid se negó. Esa noche no estaba para tonterías. 3 chupitos de Jagüermeister le dijo Randy al camarero. Lo prometido es deuda nena, exclamó Randy.

Juliette esta hambrienta e insiste en parar a comer algo. Convence a Travis y se detienen en ‘’Jou’s restaurant” un restaurante llevado por un matrimonio y su hijo, residentes y conocidos por todo el pueblo. Travis pide dos menús gigantes y bebida para llevar. La espera es larga. Pero parece que los del restaurante han reconocido a la pareja. La mujer temblando no lo duda ni un momento y coge el teléfono para llamar a la policía. Pero Juliette se le adelanta y apunta con su pistola a la mujer.
- Todos al suelo joder y como vea que alguien tiene alguna intención me lo cargo en un instante- dice Juliette.
Se oye un ruido, parece ser que uno de los clientes intenta escapar despavorido del restaurante.
Pugh!
Travis saca su arma y lo mata. Entonces los dos empiezan a disparar a todos los del restaurante. Por suerte, el dueño consigue esconderse detrás de la barra. Llorando les ruega que no lo maten. Y así es. No lo matan. Los jóvenes asesinos siempre dejan a alguien vivo para que cuente la historia. Cogen su comida, se suben al coche y siguen su camino.
Enid y Leela salen del bar, Randy insiste con el dichoso baile. Pesado a decir basta. Pero cada uno sigue por su camino. Las chicas al volante, por la carretera van hasta el culo de drogas. Un coche se les arrima por detrás, empezando una persecución. Dándoles golpes hasta conseguir sacarlas de la carretera. Pero ellas no se rinden. Apagan luces y motores y consiguen camuflarse. El coche les ha perdido el rastro. Encienden motores y la persecución da la vuelta. Las chicas consiguen atraparlo dándole un brusco golpe por detrás. Y el tipo queda inconsciente. El kamikaze que ha estado a punto de matarlas es Randy. No se lo piensan ni un minuto, que se llevan al chico atado y tiran su coche al río. Llegan a un almacén abandonado a las afueras de la ciudad. Cargan con el cuerpo inconsciente de Randy hasta el interior y lo atan en una silla.
Randy recobra el conocimiento y las chicas aprovechan para torturarle durante un largo rato. El chico les pide que terminen con ese sufrimiento de una vez. Hacía falta una súplica para que la cosa empeorara. Enid ni corta ni perezosa coge la navaja que lleva siempre en su bota y le corta un dedo. A la vez, Leela coge un bote de gasolina y lo rocía de arriba abajo. El cigarro de Leela esta a punto de terminarse. Pero la puerta del almacén se abre de repente y por ella aparecen Travis y Juliette.
Travis está herido y necesitan esconderse para recuperarse al menos una noche. Se crea una gran tensión. Las chicas no saben dónde ponerse, reconocen esas caras. Y quien no? Todo el país podría reconocerlas. Juliette saca su arma y pugh! Se las carga al instante. Desatan a Randy y él suplica su libertad. Todos saben que siempre tiene que quedar uno para que cuente su historia, no? Randy se va, y cuando cruza la puerta, saca su arma y dispara a la pareja. Nadie podría creer, ni él, lo que acababa de hacer. Había acabado con la vida de los asesinos más buscados y peligrosos del país. Pero a Enid aún le queda un soplo de vida y antes de que Randy cruzase la puerta.
Pugh!
Una bala le traviesa el cráneo. Y cae fulminado…
Autor:
Marta Durà
1er Fotografia Artística
EADT
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